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Sábado a la noche con amigos

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Finalmente, y gracias a la ayuda de mi marido, que dejó su película de acción para darme una mano, hicimos los tallarines caseros para recibir amigos el sabado por la noche. Vinieron Roberto Sanz, Eloísa y Carmelo. Era todo un desafío ya que este último es tano nacido en Calabria y de pasta sabe un montón. Pero salí airosa. Me dijo que estuvieron magistrales. Puedo repetir la receta:

  • 7 huevos
  • 700 gramos de harina 0000

Pongo la harina en la procesadora, agrego sal a gusto y voy poniendo los huevos de a uno. Proceso  cada vez. Cuando veo que se armó la pasta, la saco y comienzo a amasarla hasta homogeneizarla. Tiene que quedar una pasta dura, dice mi tía Sara, única hermana viva de mi madre y custodia de la tradición familiar en material de pasta fatta in casa.

   La divido en partes de unos 12 cm. de alto por 10 de ancho y uno de espesor, y luego paso estar partes por la pastalinda: paso cada parte hasta el número 7, y luego los corto en el 8. Despues los deposito sobre la mesa del comedor, que es muy grande, sobre un mantel y los dejo secar hasta el día siguiente.

Entrada: ensalada verde con tarde de champignones

Appetizers: guacamole con tostadas de focaccia all’oliva

La pasta de la infancia

Con las manos en la masa

No pertenezco a la generación del fast food. Crecí con mucho hogar y cocina casera. Con mucha mamá y mucho papá, con mascotas, entre muñecas, libros, diarios y revistas.

En mi infancia no hubo hamburguesas de Mac Donalds, ni panchos, ni mayonesas industriales. Tampoco  Coca Cola, ni televisión  ni edificios de propiedad horizontal. Crecí en un pueblo del interior de San Luis, rodeada de primos y primas, en una casa grande con patio y jardín, con perros, gatos y gallinero, con una mamá que estaba siempre en casa, me llevaba al colegio de la mano   y me preparaba el desayuno con café con leche y pan con manteca espolvoreado con azúcar. Papá, cariñoso y noble como pocos, me malcriaba y me enseñaba a escondidas a manejar.

Recuerdo todavía que siempre había rico olor a c0mida. Un puchero sabroso, una pastafrola inigualable o unas batatas asadas con piel en la cocina de leña. en los inviernos de varios grados bajo cero papá prendía el hogar con quebrachos ardientes y mamá preparaba un chocolate espeso para cuando llegábamos del colegio con Francisco y Graciela, esos primos míos que son mis hermanos de tanto compartir la infancia. Sigue leyendo